Los medios de comunicación han asumido que informar sobre conflictos internacionales da prestigio a la cabecera (que, al fin y al cabo, es una marca).
También está demostrado el componente de atracción emotiva o afectiva de los conflictos en general, que incita al público a buscar este tipo de información.
Ambos factores conducen a un abuso muy claro de noticias bélicas en los medios, de modo que ocupan un número desproporcionado del total de noticias de periodismo internacional. También el impacto emocional de las imágenes de conflictos hace que se discriminen de la actualidad los asuntos de los que no se tienen fotografías o vídeos “con garra”. El discurso del medio puede, igualmente, realzar el ambiente de conflicto: en la radio, donde no se puede recurrir a las imágenes desgarradoras, es frecuente oír a corresponsales como Fran Sevilla (RNE) explicando «en este momento estoy entrando en Kabul». Subraya la internacionalidad, mueve a la identificación con el reportero, y acentúa la sensación de conflicto.
Hoy en día hay diversos tipos de violencia que ocupan los titulares, sin ser conflictos bélicos:
· Reducción de las libertades civiles (libertad de imprenta, pena de muerte…)
· Terrorismo (en sus distintas variantes: nacionalista, ideológico, desestabilizador…)
· Presión psicológica, chantajes y coacciones (impuestos revolucionarios)
· Enfrentamiento civil callejero (kale borroka)
· Estrategias de amenaza (Corea y sus armas nucleares)
· Crímenes de Estado (GAL)
Este mecanismo comercial hace que creemos imágenes unidimensionales de pueblos y culturas. No es que sean imágenes falsas, pero son estereotipadas y desinformativas.
La razón es que aquéllos de los que creamos el estereotipo no suelen formar parte de las grandes potencias que señalan hacia dónde tenemos que mirar: están fuera del oligopolio mediático, carecen de un sistema informativo propio, y no tienen tampoco una audiencia que reciba y comprenda el mensaje (audiencia de analfabetos o de analfabetos funcionales, que no se dan sólo en los países subdesarrollados).
Otro motivo es el desconocimiento general de muchos conflictos, fomentado por los propios medios de los países desarrollados: por miedo a enviar corresponsales a determinadas zonas conflictivas, por la concentración del interés en sólo algunos puntos del planeta, y por la imposición en algunos formatos (como los informativos de televisión) de una rueda recurrente de crónicas sobre conflictos concretos.
Lo que debe tenerse en cuenta es que cuando un hecho, aunque sea veraz, se narra desde un punto de vista unidimensional, se está desinformando.
Redactado por Jose Fabrizio Sacoggna
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